Dr. Santiago Kassem Vargas: «Una buena salud mental facilita un autocuidado más correcto y por tanto, una vida mejor»
Inauguramos este espacio de comunicación conversando con el Dr. Santiago Kassem, psiquiatra y fundador del Centro Kassem de Neuropsiquiatría y Psicología. El especialista, que dirige el centro desde el año 1983 y cuya trayectoria en su especialidad supera ya las cuatro décadas, ofrece en esta entrevista una semblanza del Centro, de su nacimiento y de su evolución. También, de la trayectoria profesional y docente que le ha llevado hasta aquí, y un retrato certero del paciente actual.
¿Por qué se decantó por la especialidad de Psiquiatría tras estudiar Medicina?
La Psiquiatría era una de las tres posibles alternativas que yo tenía cuando terminé la carrera. Una era Psiquiatría, otra era Nefrología y la otra era Cuidados Intensivos. Al finalizar los estudios entré como médico interno en una clínica privada de los Hermanos de San Juan de Dios, Nuestra Señora de la Paz y allí, entre otros muchos médicos, conocí a Juan Antonio Vallejo – Nágera. Yo no estaba haciendo siquiera la especialidad aún y Vallejo – Nágera me propuso hacerla con él. Y como era una oportunidad realmente buena de poder formarme con una de las primeras figuras en Psiquiatría de aquel momento a nivel nacional e internacional, y dado que la Psiquiatría era una de las posibles alternativas, me decanté definitivamente por hacerlo. De esto hace 42 años, fue en 1977
El Centro Kassem ya ha cumplido los 35 años. ¿Cómo arranca este proyecto?
Cuando terminé la especialidad en el Centro de Investigaciones Psiquiátricas que dirigía el profesor Vallejo – Nágera, además de facilitarme entonces la posibilidad de seguir trabajando en ese centro estatal, me ofreció continuar formando parte de su equipo privado. Allí empecé a trabajar como psiquiatra y surgió la opción de poner una consulta privada para las tardes que tenía libres sin actividad clínica. En un principio me dejó un familiar un despacho donde empecé a trabajar un día en semana o dos. Cuando esa consulta fue tomando un poco de forma, me planteé ampliarla junto con otros compañeros que tenían una inquietud similar. Eran un neurofisiólogo, el Dr. Álvarez Velasco, una psicóloga, Elena Ochoa, famosa posteriormente por sus intervenciones en televisión, y otro psicólogo, Carlos García Cosín. Los cuatro formamos equipo e iniciamos la andadura del Centro. Yo asumí el papel de dirección y gestión.
¿Qué ha sido lo más gratificante de esa andadura que continúa a día de hoy?
El momento en que un paciente mejora. Esa es una de las gratificaciones más importantes que puede tener un médico. Es verdad que vivimos de nuestro trabajo pero además de los beneficios económicos, priman las gratificaciones morales. Y desde luego creo que una de las mejores cosas de esta profesión es que tu paciente te diga «ahora soy otra persona», «soy capaz de enfrentarme a la vida, antes no lo era» o «he recuperado mi vida».
Después de tantos años sentado al otro lado del despacho, ¿ha desarrollado usted una empatía especial? ¿Se fía más de su intuición… o de la palabra del paciente?
Siempre que recibo a un paciente por primera vez le invito a expresarse para saber qué es lo que realmente le preocupa. Quizá lo que al paciente le inquieta, después no resulta ser lo más importante, pero es su malestar y debe sacarlo y transmitirlo. Una vez que el paciente ha comunicado sus inquietudes y sus angustias, toca matizar hasta llegar al diagnóstico y poner en juego la intuición, la experiencia, el conocimiento y tantos otros factores.
La gente sigue siendo reticente a descolgar el teléfono y pedir una cita con un psiquiatra o un psicólogo. ¿No ha mejorado la percepción de este tipo de consultas o el estigma de acudir a terapia?
En los últimos años ha mejorado mucho pero queda mucho por hacer. Hace años la Psiquiatría era tabú y el psiquiatra era «el loquero». Porque además no hace tanto tiempo, el paciente que ingresaba en un centro psiquiátrico entraba por una puerta, salía por otra que comunicaba con el patio interior del hospital y ya no volvía a ver más la calle. En España había muy poca cultura de ir al Psiquiatra a pedirle ayuda con los problemas cotidianos. Solo se atendía a las personas que estaban totalmente trastornadas. Con el tiempo, la influencia de los medios de comunicación y la globalización nos han permitido ser más conscientes de que la Psiquiatría es una especialidad más de la Medicina. Tanto es así, que cuando se promulgó la ley de Sanidad del año 1990 ya se estableció que los hospitales «monotemáticos» iban a tender a desaparecer y las unidades de Psiquiatría estarían dentro de los hospitales generales como así ha ido ocurriendo.
Poco a poco han ido surgiendo plantas de Psiquiatría al igual que existe la de Cardiología o de Digestivo o de Cirugía. Todos los Hospitales Generales tienen su unidad de Psiquiatría. Eso suscitó un problema enorme porque cuando cambió la dinámica de funcionamiento, los pacientes institucionalizados, crónicos, sin familia y sin lugar donde ir recibieron el alta y en muchos casos, lamentablemente, se convirtieron en personas sin techo.
«En España había muy poca cultura de ir al Psiquiatra a pedirle ayuda con los problemas cotidianos. Solo se atendía a las personas que estaban totalmente trastornadas»
A veces, los planteamientos políticos y sociales no tienen en cuenta a la hora de establecer una legislación qué consecuencias va a haber. Y aquí las hubo. Pese a ello, a la larga ha resultado ser un cambio bueno, porque muchos de estos hospitales de crónicos se han compartimentado y tienen unidades de enfermos agudos, otros de corta o media estancia, de larga estancia para enfermos no altables, de trastornos de personalidad…
Ha evolucionado la actitud de la sociedad hacia la Psiquiatría, pero ¿ha cambiado también el tipo de paciente en la actualidad o hay enfermedades «nuevas»?
Enfermedades nuevas, estrictamente, no hay. Hay enfermedades que se diagnostican menos, sin embargo se ven muchos más problemas derivados de la ansiedad, de las alteraciones del estado de ánimo, de los problemas de adaptación al medio. Problemas de competitividad no solo en el trabajo sino también en la vida académica. Las enfermedades son las que son, pero tienen distinta incidencia. Yo diferenciaría enfermedades endógenas, que cursan con una alteración bioquímica cerebral, y enfermedades en las que la educación y la sociedad tienen una mayor influencia. Las enfermedades endógenas tienen la misma incidencia en distintos continentes. Sin embargo, las enfermedades en las que hay un componente adaptativo, de estrés, de ansiedad, están mucho más relacionadas con los países más desarrollados y con la mayor exigencia que recibe su población.
Rojas Marcos afirma que somos una sociedad cada vez más tensa, más miedosa. ¿El miedo es aprendido? ¿Cómo podemos vencerlo?
El miedo es aprendido y transmitido. Luis Rojas Marcos tiene una gran experiencia porque su trayectoria profesional le ha permitido conocer muchos ámbitos distintos. Es español pero ha desarrollado su carrera fundamentalmente en Estados Unidos. Dirigió el Servicio de Psiquiatría del Hospital Bellevue, fue coordinador de Salud Mental de Nueva York… ha conocido muy diferentes aspectos de la sociedad americana, porque además Nueva York es un crisol de civilizaciones de todo tipo. Estoy de acuerdo con él en su teoría de que tenemos más miedos, porque la vida es cada vez más difícil y porque además se nos transmiten esos temores. Ponemos las noticias y recibimos constantemente mensajes de inseguridad, cifras de paro, atentados, movimientos migratorios que muchos perciben como amenaza… y el resultado es una sociedad cada vez más temerosa. Un cierto nivel de miedo es bueno porque nos hace estimular nuestra capacidad de autoprotección, pero demasiado miedo nos bloquea y nos deja más indefensos ante la vida.
¿Cómo fue su desembarco en el Hospital La Paz de Madrid?
Yo llegué a La Paz como muchas de las cosas de esta vida, por casualidad. Acababa de aprobar mi oposición como funcionario de carrera de Sanidad en un momento en el que se estaban transfiriendo las competencias sanitarias a las Comunidades Autónomas. El centro en que yo trabajaba pasó a depender de la Comunidad de Madrid, y se dio una situación de luchas políticas por hacerse un sitio que a mí no me gustaban nada. Yo iba al Centro de Investigaciones Psiquiátricas a ver enfermos y no a competir políticamente. Aproveché entonces una oportunidad, la de entrar a formar parte del Insalud, pero terminé cambiando una plaza en propiedad por un contrato de tres meses. Cierto es que pude pedir una excedencia y logré después la interinidad. Más adelante saqué la oposición y cuando en La Paz se inauguró la Unidad de Hospitalización, la dirección consideró conveniente que yo ocupara la plaza de Jefe de la Unidad. En ese momento llevaba casi 20 años en La Paz ocupándome de diversas tareas como la interconsulta, la consulta externa o la urgencia. Había pasado por todas las secciones del Servicio de Psiquiatría. Pero fundamentalmente por la urgencia, donde se veían la mayoría de casos agudos que era donde yo tenía más experiencia. Seguramente por eso, tanto el jefe de servicio de entonces, el Dr. Santo – Domingo, como la dirección médica, optaron por que yo ocupara el puesto de Jefe de la Unidad de Hospitalización.
Y además, inició su labor docente.
Sí, pero eso sucedió antes. Al poco tiempo de estar en el hospital, aparecieron vacantes para impartir clases. La Paz es dependiente de la Universidad Autónoma de Madrid y la asignatura de Psiquiatría es una materia vinculada, es decir, para dar clase es condición sine qua non tener una plaza en un hospital universitario. Al reunir los requisitos, me presenté a la oposición y obtuve la plaza.
¿Es gratificante la docencia?
Lo es. Se da la circunstancia a mi favor de que empecé a dar clase en 4o y 5o de carrera. Los estudiantes de esos cursos son chicos que tienen las ideas ya muy claras. Tienen la carrera muy avanzada y de por sí, los que estudian Medicina al necesitar una nota tan elevada en Selectividad, son brillantes en su mayoría. Mis alumnos fueron disciplinados, cumplidores, con inquietudes y muy interesados en la asignatura.
«Un porcentaje de entre el 23% y el 25% de las personas que acuden a las consultas de Atención Primaria tiene problemas psiquiátricos. Cualquier médico debe saber abordar la incertidumbre del paciente.»
Aunque eso sí, la Psiquiatría en las licenciaturas muchos la toman como algo que «toca estudiar» y no se dan cuenta de que un porcentaje de entre el 23% y el 25% de las personas que acuden a las consultas de Atención Primaria tienen problemas psiquiátricos. Por tanto tener claros ciertos conceptos en Psiquiatría es muy útil en cualquier especialidad médica. Porque te enseña no a conocer la enfermedad… pero sí al enfermo. Un infarto de miocardio puede ser muy diferente en dos pacientes, o la forma de reaccionar ante un cáncer. Y en eso, cualquier médico tiene que saber cómo abordar la angustia, la incertidumbre del paciente, saber abordar una mala noticia o detectar hasta qué punto quiere el paciente conocer más sobre su enfermedad.
¿De una buena salud mental deriva una vida más saludable?
Yo tengo una teoría, creo que con el tiempo se conocerá que todos cuando nacemos, lo hacemos predispuestos a padecer determinadas enfermedades. Desde luego, cuanto más sana es tu mente, más posibilidades tienes de cuidar correctamente tu cuerpo. Pese a las enfermedades inevitables. Pongamos un ejemplo: hay afecciones en las que está comprobado que el estrés aumenta la bajada de defensas, y a la vez se ha constatado que muchos tumores aparecen tras esa bajada de defensas. La ansiedad y el estrés juegan un papel muy importante en el desarrollo de la vida normal del sujeto. Una buena salud mental no es garantía de no sufrir otras patologías, pero sin duda facilita un autocuidado más correcto de la persona y por tanto, una vida mejor.
«Hay enfermedades que no se heredan pero se «contagian» por el ambiente. Unos padres ansiosos, «preocupones», inseguros e inestables, tendrán hijos que aprenderán esa ansiedad y esa inseguridad.»
Dentro de la Psiquiatría no todo son enfermedades. Hay alteraciones de la personalidad que no se consideran enfermedad pero que son el primer escalón antes de sufrir otro tipo de patologías psiquiátricas. Además del componente genético de cada persona, también hay uno educacional y ambiental. Hay enfermedades que no se heredan pero se «contagian» por el ambiente. Unos padres ansiosos, preocupones, inseguros e inestables, tendrán hijos que aprenderán esa ansiedad y esa inseguridad. Yo creo que a medida que las personas van siendo conscientes de esto, van conformando una educación más armónica en los hijos, pero no solo deben hacer eso, sino intentar comportarse también más armónicamente ellos mismos. El Centro Kassem es una institución cuyo equipo es multidisciplinar. En este centro, psiquiatras, psicólogos, neuropsicólogos y profesionales de otras especialidades trabajan codo con codo.

¿Por qué es así?
Siempre he sido amigo de la colaboración entre psiquiatras, psicólogos y neurólogos porque son tres profesiones complementarias pero con competencias muy claramente diferenciadas. Cuando creé este centro lo hice con un grupo de similares características. Mi forma de trabajar siempre ha sido en equipo porque me ha parecido que es mucho más enriquecedor para el médico trabajar en equipo y obviamente mucho mejor para el paciente. Si se aborda desde diferentes puntos de vista, el diagnóstico va a ser más certero.
Por último, ¿cómo se formó el equipo actual del Centro Kassem?
En sus primeros años, el equipo del Centro fue formándose con compañeros de curso con los que tenía buena relación, que eran buenos profesionales, buenas personas y además, médicos que en su momento hicieron la especialidad en La Paz y que consideré que tenían un enorme potencial profesional. Les invité a que trabajaran conmigo y algunos continúan aquí. Más recientemente se ha incorporado la siguiente generación: mis hijos, que son, respectivamente, médico y psicóloga. Son dos personas muy bien formadas académicamente, interesadas por la profesión, y que sin duda están a la altura de lo que siempre he querido que sea este Centro. En definitiva, creo que hay que dejar que las cosas las hagan quienes tienen mejores competencias para hacerlas. Y así es como trabajo y espero seguir trabajando.