Reticencia a tomar medicación: causas y riesgos

Por el Dr. Santiago Kassem Vargas

Uno de los mayores problemas que nos encontramos en las consultas de psiquiatría, no es tanto llegar a un diagnóstico o pensar en el tratamiento más idóneo para controlar la patología por la que consulta el paciente. Con relativa frecuencia, nos encontramos con que éste se muestra contrario a tomar cualquier tipo de tratamiento farmacológico.

Las causas que argumentan son diferentes. En ocasiones es un miedo, por desconocimiento, al efecto de los psicofármacos. A estar excesivamente sedado o a no poder hacer vida normal.

En otras, la causa es más complicada de manejar, pues se sustancia fundamentalmente en que el paciente no tiene conciencia de enfermedad y por tanto, no ve la razón de llevar ningún tratamiento con medicamentos. Esto ocurre fundamentalmente en algunas patologías como las psicosis, en las que uno de los síntomas más característico es la “ausencia de conciencia de enfermedad” y en personas que presentan algún tipo de Trastornos de la personalidad.

A veces se nos dan casos en consulta tan paradójicos que pacientes que han desarrollado una enfermedad mental por consumo abusivo de drogas, se muestran contrarios a los tratamientos con fármacos “porque no quieren tomar drogas”. Esto supone un verdadero problema de manejo de la situación en algunas consultas, porque resulta necesario invertir mucho más tiempo en convencer al paciente de la necesidad de llevar un tratamiento farmacológico que en hacer la historia clínica, la exploración psicológica y concluir un diagnóstico.

Por otro lado, nos encontramos con mucha frecuencia con la circunstancia de que después de haberle convencido de la necesidad de un tratamiento, o polemizan con las dosis que se les recomienda, o sencillamente lo llevan de una forma irregular, con lo cual no se consiguen los objetivos marcados.

Es cierto que la Psiquiatría es una ciencia relativamente moderna, especialmente la parte biológica de esta especialidad, pues los investigadores se han encontrado con numerosas dificultades para llevar a cabo sus trabajos de investigación. Hasta hace no mucho tiempo se conocía el cerebro como estructura, pero no su funcionamiento. Estos estudios se hacían en cadáveres o más recientemente, a través de algunas pruebas como el TAC (tomografía axial computarizada) o la RMN (resonancia magnética nuclear) que supusieron un enorme avance a la hora de diagnosticar enfermedades neurológicas que hasta entonces se hacían con radiografías más o menos complejas.

Pero para estudiar la mente, es necesario hacerlo en personas vivas y por tanto, ni los estudios postmortem, ni las exploraciones que solo nos informaban de la morfología o estructura cerebral, nos daban información de cómo era el funcionamiento cerebral, cuestión ésta esencial para acercarnos al funcionamiento de la mente.

Ha sido con la aplicación de las más nuevas tecnologías, tales como la neuroimagen funcional (RMNF, PET, PET-TAC), los avances en Biología Molecular y en Genética, que nos están abriendo numerosas puertas para comprender el funcionamiento de la mente y el origen de las enfermedades psiquiátricas.

A medida que se avanza con estos medios de investigación, vamos comprobando el origen biológico de cada vez más patologías mentales que antes desconocíamos, por tanto, si queremos tratar el origen del problema, debemos encaminarnos a controlar las alteraciones biológicas que producen estas enfermedades y por tanto a la utilización de tratamientos biológicos, es decir, con fármacos.

 

Dosis y duración de las mismas

Aunque las recomendaciones establecen que estos tratamientos sean lo más sencillos posible, en la realidad con frecuencia hay que recurrir a establecer combinaciones que permitan cubrir de la forma más adecuada posible, el espectro biológico para conseguir una mejoría más completa. Así mismo, son importantes las dosis y el tiempo que hay que mantener el tratamiento. Con respecto a las dosis, estas deben estar siempre en el rango terapéutico. Utilizar dosis por debajo de este rango solo conduce a alargar el problema y no conseguir una autentica mejoría. En lo que se refiere a la duración del tratamiento, dependerá de cada caso, pero es recomendable no suspender el tratamiento sin consultar con el especialista, ya que, de hacerlo, podría dar lugar a empeoramientos indeseados.

 

Importancia de la información

Como decía al principio, la falta de información del paciente sobre el origen de su problema, la ausencia de conciencia de enfermedad y el miedo a los efectos de los psicofármacos, son las causas más frecuentes de su reticencia. Es por esto que el psiquiatra debe invertir tiempo en cada consulta en informar al paciente de cuál es la causa de su enfermedad, por qué debe tomar medicamentos, qué pretendemos conseguir con estos, qué efectos secundarios podría encontrar y por qué motivos y aclarar todas aquellas dudas que faciliten que el paciente pueda llevar el tratamiento con tranquilidad, continuidad y confianza.

 

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