¿Te afecta el cambio de tiempo? ¿Eres «meteorosensible»?
«Seguro que va a cambiar el tiempo, me duelen las articulaciones». «Me siento igual que el día: nublado, triste«. «¡Qué dolor de cabeza me ha dejado este viento!». «Los días de sol me dan la vida, tengo unas ganas tremendas de salir, pero con este mal tiempo…«

Son frases que escuchamos a menudo. Las que se refieren a dolores articulares las oímos especialmente a nuestros mayores. Y no son invenciones de quienes las pronuncian. Es completamente normal que el tiempo atmosférico nos influya a todos para bien o para mal. Sin embargo, la climatología adversa hace mella más intensamente en algunas personas. Son las que padecen «meteorosensibilidad».
Doctor, no me encuentro bien estos días…
Algunas estaciones del año, los cambios imprevistos en los termómetros, el viento fuerte o los extremos (como las olas de calor o de frío) afectan en gran medida a estas personas que en los casos más agudos tienen serias dificultades incluso para levantarse de la cama cada mañana. Sus síntomas son físicos, pero también psicológicos. Y en algunos casos suponen un agravamiento de patologías que ya estaban presentes.
Sin ir más lejos, los dolores de cabeza pueden aparecer cuando cambia la presión atmosférica. Aquellas semanas en las cuales la lluvia no cesa provocan más dolor y malestar en las personas que tienen enfermedades del aparato locomotor. O por ejemplo, los cambios abruptos de temperatura o de estación, hacen más proclives a la irritación a las personas mayores demenciadas, o aumentan el riesgo de crisis convulsiva a quienes sufren epilepsia. Otro dato a tener en cuenta, según las estadísticas, es que las mujeres son más proclives a sufrir «meteorosensibilidad».
En otros casos no existen dolores o síntomas evidentes. Simplemente, la persona se encuentra triste, decaída, sin ganas de emprender actividad alguna. Aparece cierta fatiga, letargo, o por el contrario, el insomnio hace acto de presencia. Y los especialistas en salud mental constatan ese malestar «difuso» de sus pacientes por la urgencia con la que expresan su necesidad de regresar a consulta. En algunos casos, esta situación recibe el nombre de «trastorno afectivo estacional», pudiendo alcanzar hasta al 15% de la población aunque, en general, lo pasan peor aquellas personas que tienen algún tipo de trastorno adaptativo previo.

La glándula pineal (fuente: Wikipedia)
Al respecto de estos fenómenos, el Dr. Santiago Kassem Vargas, Director Médico del Centro Kassem, hace un apunte interesante al señalar que «está comprobado que la luz interviene de forma directa en el estado de ánimo y en la regulación del sueño, función ésta tan importante en el mantenimiento de la salud física y psíquica de las personas.
Se trata de un hecho comprobado científicamente, ya que la luz es un elemento definitivo en la secreción de melatonina por parte de la glándula pineal en el cerebro. Es precisamente esa sustancia la que influye tanto en el sueño, como en el estado de ánimo».
Distinta latitud, diferente temperamento
Es curioso también constatar cómo cambia el temperamento de las personas en función de la latitud en la que vivan. La manera de comportarse y afrontar el día a día de los ciudadanos nórdicos o anglosajones, es diferente de la de los mediterráneos. Cada clima y su respectiva cantidad de horas de luz diurna influye y mucho en el modo en que las personas se sienten y se comportan. En relación a este asunto, aunque focalizado en el impacto que el viento tiene sobre nuestro estado de ánimo, la AEMET (Agencia Estatal de Meteorología) publicaba este interesante artículo.
Existen soluciones paliativas
Pero ¿es posible contrarrestar los efectos del cambio de tiempo? En cierto modo, sí. Existe la opción de tener algunas precauciones para mantener el equilibrio emocional. Si la persona afectada no sabe exactamente qué le está sucediendo, no está de más acudir a la consulta de su médico de familia o pedir cita con un psicólogo o psiquiatra para plantear sus inquietudes y que el facultativo pueda orientarle acerca de lo que le ocurre. Y si es el caso de quienes ya siguen una terapia psicológica o conocen perfectamente sus cambios en determinados momentos del año, pueden, además de desahogarse, pedir consejo de nuevo al terapeuta para tomar partido en la recuperación y sentirse reforzados en los días más grises.
Veamos algunos ejemplos:
- Llevando una alimentación saludable y equilibrada podemos mantener nuestro sistema inmunológico en buenas condiciones. Ello reducirá las posibilidades de que aparezcan los tan temidos resfriados.
- Ser precavidos antes de salir de casa y abrigarse convenientemente, protegerá nuestro cuerpo de ese frío que agrava los dolores de las articulaciones.
- Dormir lo suficiente también resultará fundamental para afrontar el día con la energía necesaria.
- Tratar de vencer la pereza y salir a caminar, acudir al gimnasio o quedar con amigos para pasar un buen rato contribuirá a pasar mejor esas semanas.
- Dedicarse a actividades creativas (manualidades, cocina…) solos o en compañía, y tratar de poner freno al estrés, también va a ser fundamental para paliar esa «meteorosensibilidad».
En definitiva, conocerse mejor y aprender a detectar no solo los cambios externos (que son evidentes) sino también los que ocurren en nosotros mismos, es el primer paso para hacer frente a los cambios de clima o estación. Como dice el proverbio «nadie nace enseñado», de modo que siempre es un buen momento para acudir a consulta, no juzgarnos negativamente ni culpabilizarnos por no ser capaces de encontrarnos mejor, y tomar medidas para intentar paliar estos baches con la ayuda de los especialistas.
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