Los pequeños en consulta
La crianza de un niño está plagada de momentos felices, pero a veces no resulta fácil. En ocasiones, se convierte en especialmente complicada por muy distintas causas. Puede que los más pequeños hayan comenzado a comportarse de manera diferente. Los encontramos tristes o más inquietos de lo normal. Pierden el apetito, tienen miedos desmesurados, están respondones o quizá más tímidos e introspectivos de lo que cabría esperar. En otros casos parecen estar siempre enfermos. «Me duele la barriga» o «Me encuentro mal, no quiero ir al colegio» son frases normales… hasta que se convierten en sospechosamente frecuentes. Por otra parte, los niños no llegan al mundo con un manual de instrucciones sobre cómo relacionarnos con ellos, qué decisiones tomar o dónde marcarles sus límites desde la primera infancia. La familia también necesita aprender estrategias para acompañar a los más pequeños en su crecimiento como individuos y saber detectar cuándo su desarrollo es tardío o anómalo.
No son solo cosas «de niños»
Algunas personas consideran que los síntomas anteriormente mencionados son simples «cosas de niños» y no les dan mayor importancia. Pero la intuición de los padres falla pocas veces. Si el pediatra ha descartado la existencia de cualquier enfermedad o problema físico y se hace recurrente el pensamiento de que «al niño le pasa algo», es momento de plantearse la visita a un profesional de salud mental. Para ello, lo correcto es dirigirse a la consulta de Psiquiatría o Psicología. De preferencia, a un centro que trabaje de forma multidisciplinar.
La especialidad de infancia y adolescencia
Un niño no es un «pequeño adulto». La infancia y la adolescencia son etapas de la vida con unas particularidades que las diferencian de las de la vida adulta. La manera de enfrentar el día a día es diferente dado que sus capacidades están en pleno desarrollo. Por este motivo, existen las especialidades de Psiquiatría y Psicología de Infancia y Adolescencia. El modo en que los especialistas en salud mental abordan no solo la situación del niño, sino su posterior tratamiento es notablemente distinto al que se lleva a cabo con un adulto.
¿Cuándo está indicada una primera consulta?
Uno de los síntomas que hacen saltar las primeras alarmas es el bajo rendimiento escolar. Las notas se resienten o el pequeño pierde las ganas de acudir a sus actividades extraescolares. Puede que desde el colegio llegue alguna notificación por mal comportamiento, porque ha dejado de prestar atención o porque tiene dificultades para el aprendizaje o para ceñirse al ritmo de sus compañeros de clase. Los Departamentos de Orientación de los centros educativos son buenos vehículos para comunicar a los padres que algo está fallando con el niño o el adolescente, porque ponen el foco en el desarrollo de los alumnos a diferentes niveles: no solo el académico, sino también el social, el cognitivo o el emocional, entre otros.
Si esto ocurre, se puede concertar una primera consulta en un centro especializado en salud mental. El psiquiatra conversará con el niño o adolescente y con su familia para emitir un primer diagnóstico y determinar si conviene realizar algún tipo de estudio neurológico o neuropsicológico, iniciar un tratamiento con fármacos o psicoterapéutico.
El trabajo multimodal suele dar muy buenos resultados a medio y largo plazo, y mejora el ambiente familiar al contribuir positivamente no solo al bienestar del pequeño, sino también a que sus padres y hermanos le comprendan mejor y tomen las decisiones correctas.
Trastornos propios de la infancia y la adolescencia y otros posibles problemas
Los niños pueden experimentar terrores nocturnos, mostrar agresividad, hiperactividad, mutismo selectivo, dificultad para controlar la orina y las heces sin que exista ningún problema orgánico, o retrasos en su aprendizaje o en la evolución esperable para su edad, entre otros muchos trastornos. Por su parte, los adolescentes pueden sentir preocupaciones irracionales, desarrollar fobias y obsesiones, sufrir trastornos de la conducta alimentaria, ansiedad o depresión. Por otra parte, hay niños que sufren acoso o violencia en el aula o en otros ámbitos y pueden requerir ayuda profesional.
Sea cual sea el diagnóstico, los profesionales que desarrollan su labor en el Centro Kassem se encuentran a disposición de las familias para diseñar un plan de intervención personalizado y ofrecer el tratamiento más certero tanto a niños como a adolescentes en un ambiente óptimo para el menor. Los casos de éxito conseguidos son muchos. Nuestro equipo de especialistas sigue contribuyendo a que los pequeños pacientes crezcan en equilibrio y afiancen las bases para iniciarse en la vida adulta de una manera sana y estable.
Artículo realizado con la colaboración de la Dra. Beatriz Martínez, médico psiquiatra de infancia y adolescencia.
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