Cáncer: la temida enfermedad

Por Santiago Kassem Vargas

 

Cáncer es la palabra maldita, como lo fueron en su momento cólera, peste, SIDA y tantas otras. Además, la incidencia del cáncer ha ido en aumento en los últimos años. Se estima que en los últimos 4 ha aumentado en un 12 % y el doble en mujeres que en hombres. Probablemente en esto puede haber influido que las personas tenemos un mayor cuidado por nuestra salud, acudimos antes al médico ante cualquier alteración o sospecha y la enfermedad se diagnostica más y de forma más precoz.

Cuando a una persona se le diagnostica un cáncer se le parte la vida. Es la situación más temida, aunque en medicina pueda haber otras enfermedades de peor pronóstico y evolución que el cáncer. La diferencia es que la persona no conoce el alcance de estas y existe mucha menos literatura entorno a ellas.

 

 

La «cancerofobia»

El cáncer o la palabra cáncer ha calado tan profundamente en la sociedad, que ya con una cierta frecuencia detectamos en las consultas de psiquiatría una enfermedad cuya característica principal es el temor irracional a padecer un cáncer. Se trata de la cancerofobia. Esta es una patología que se sitúa entre la fobia y la hipocondria y que padecen aquellas personas que atribuyen cualquier dolor o molestia a un posible cáncer. Hoy pueden tener un dolor de cabeza y atribuirlo a un tumor cerebral. O mañana sienten un dolor abdominal y no les cabe la más mínima duda de que se debe a un tumor de hígado. Obviamente, el sufrimiento de estas personas es enorme, pues el temor, aunque sea debido a una interpretación irracional y completamente ilógica, les genera unos niveles altísimos de inevitable ansiedad.

Sin llegar a esos extremos, un diagnóstico de cáncer supone un antes y un después para la persona que lo padece. Verdad es que el tratamiento y el pronóstico del cáncer ha cambiado de una manera muy significativa. Antes, un diagnóstico de cáncer era una sentencia irremediable. Sin embargo hoy en día muchos cánceres son curables en más de un 85% de los casos y en otros tantos, la evolución se puede retardar de tal manera que la persona acaba falleciendo por otra patología.

 

Tolerar la incertidumbre

Ante un diagnóstico de estas características, no solo nos invade el temor y la incertidumbre de qué va a ser de nosotros, sino el trauma que supone enfrentarse a los tratamientos necesarios para ello y que ya la opinión pública conoce de sobra que son duros y difíciles de soportar. El sufrimiento empieza para el paciente en el periodo de tiempo en el que, tras una sospecha, comienzan las exploraciones para aclarar el diagnóstico. La incertidumbre de cuál puede ser finalmente ese diagnóstico y el tiempo que no suele ser corto hasta llegar a una conclusión, se hacen eternos. Y la ansiedad que se genera en la persona es elevadísima.

Si por fin las pruebas confirman el diagnóstico temido, comienza el periodo de lucha, la ansiedad por la incertidumbre del diagnóstico se convierte en ansiedad por conocer la eficacia del tratamiento y el sufrimiento por los efectos secundarios de este. A partir de ese momento, uno empieza a vivir por y para la enfermedad, por las innumerables pruebas y controles que se deben hacer y que condicionan enteramente el tiempo y la vida del paciente.

 

La actitud del facultativo

Es muy importante la actitud del facultativo que va a tratar al paciente con un cáncer. En primer lugar, a la hora de dar la información, hay que hacerlo hasta donde el paciente quiere o es capaz de saber. No todo el mundo está igual de preparado para recibir una noticia de esta envergadura. En segundo lugar, sin faltar a la verdad, hay que transmitirla con la suficiente delicadeza y siempre transmitiendo al paciente que existe una salida, pues este será al final el soporte que mantendrá a la persona a flote y que le dará la fuerza para luchar, una fuerza que cada vez se considera más importante para el desarrollo positivo y resolución de la enfermedad.

 

 

Otro aspecto importante es tratar al paciente en toda su dimensión como persona. Toda enfermedad se instaura en una persona y teniendo la misma afección, cada cual la vive de diferente manera. Es pues necesario atender de forma prioritaria, no solo el tratamiento contra las células cancerígenas, sino ayudar psicológicamente a la persona en su lucha particular contra la enfermedad y a soportar la dureza de la etapa que tiene que afrontar.

 

Programa de Psicooncología

Afortunadamente en muchos hospitales generales y dependiente del servicio de psiquiatría, ya existe el programa de Psicooncología que de manera específica y coordinada atiende desde esta perspectiva a los pacientes con cáncer. Su labor es extraordinaria y la consecuencia de ello es una mejor capacidad de afrontamiento del paciente con cáncer a la difícil etapa que le ha tocado vivir.

Quedémonos con que, aunque la enfermedad sea la misma y el nombre no haya cambiado, la medicina moderna permite una identificación de la enfermedad más temprana, lo que es determinante para el tratamiento y el pronóstico y que los tratamientos con que se cuenta hoy en día son mucho más resolutivos y menos penosos de llevar y con ellos el pronóstico de un número importante de cánceres ha cambiado hacia mejor de forma clara y determinante.