11 de febrero: Día Mundial del Enfermo

Por Santiago Kassem García

 

11 de Febrero de 2019: Día Mundial del Enfermo

En esta fecha se recuerda en todo el mundo a aquellas personas que padecen una enfermedad, sea del tipo que sea. Un día que el Santo Papa Juan Pablo II instituyó en 1992 como forma de recordar de manera especial a quienes no pueden disfrutar de una salud plena.

La salud, entendida como el concepto biopsicosocial, no significa sólo la percepción física de sentirse sano, sino el bienestar psicológico y social de la persona. La enfermedad, por tanto, afecta a la concepción de bienestar físico, pero también repercute a nivel psicológico y menoscaba en mayor o menor medida la esfera social de la persona.

Ante la enfermedad, la reacción psicológica de cada uno de nosotros puede ser diferente y está influenciada por rasgos de nuestra personalidad. Los síntomas son ponderados de diferente forma según cómo entendamos su gravedad y con ello nuestra mente puede optar, bien por un afrontamiento directo y adaptativo, solicitando ayuda de forma temprana, o bien defendiéndose de la emoción que nos abruma, y con ello en ocasiones demorando un diagnóstico. Son muy frecuentes los mecanismos de defensa, como negar la existencia del problema, tratar de darle una explicación más tranquilizadora para nosotros, aunque no sea la cierta o buscar una forma ajena de desplazar nuestras emociones como puede ser el consumo de tóxicos.

 

El afrontamiento positivo de la enfermedad

Por otro lado, la concepción de sentirse enfermo puede tener valoraciones negativas, especulativas o positivas. Así, por ejemplo, hay personas que interpretan la enfermedad como un castigo, viviéndola con resignación y actitud fatalista, otros como una debilidad, intentando ocultarla o encubrir los síntomas (como ocurre con frecuencia en las enfermedades mentales), o como un enemigo, reaccionando contra la enfermedad con ira y negativismo. También se dan casos de personas que se refugian en la enfermedad para huir de los problemas personales que no desean enfrentar, o como estrategia para obtener bajas laborales o periodos de incapacidad. Una valoración positiva, que supondría un afrontamiento adaptativo, sería entenderla como un desafío, pues se enfrenta el problema solicitando ayuda rápido y colaborando con el profesional sanitario.

Los médicos debemos tener en cuenta estos aspectos psicológicos pues de ellos depende en gran medida el buen cumplimiento terapéutico y la evolución sintomática favorable en muchos casos. Quizá el aspecto que más valora el paciente y le permite el ajuste psicológico a su enfermedad es la información. Una información exhaustiva, clara pero explicada de forma sencilla, disminuye de forma notable la ansiedad ante la enfermedad.

Está clara, por tanto, la relación que el padecimiento de una enfermedad puede tener en la salud psicológica de la persona, pero también cómo el mal ajuste psicológico puede hacer que una enfermedad evolucione de forma diferente a lo esperado.