El agotamiento emocional en el trabajo: burnout

Por el Dr. Santiago Kassem García

El Síndrome de Burnout, comúnmente conocido como “estar quemado”, es una enfermedad laboral descrita por primera vez por el Prof. Herbert Freudenberger en 1974 en profesionales de atención sanitaria, como un agotamiento emocional por una excesiva implicación en el trabajo que les convierte en ineficaces. La definición más correcta y amplia nos la proporcionan la Dra. C. Maslach y la Dra. S. Jackson como “un cansancio emocional que lleva a una pérdida de motivación y que suele progresar hacia sentimientos de inadecuación y fracaso” (1981). Basándose en la definición, se describieron tres áreas fundamentales que miden el grado de burnout: el agotamiento emocional, la sensación de despersonalización y la realización personal. Estas áreas son las que se evalúan en el Inventario de Burnout de Maslach (MBI).

El cuadro en sí, se fundamenta en la percepción de un estrés laboral que no es adecuadamente canalizado por el profesional. Se describe especialmente en profesionales que tienen una atención al cliente y que están sometidos a múltiples factores estresantes, entre los que destacan la sobrecarga cuantitativa (mucho trabajo y poco tiempo para realizarlo) y cualitativa (excesiva complejidad y falta de competencia personal), factores del entorno de trabajo tanto a nivel físico-ambiental (ruidos, condiciones físicas incómodas) como del clima organizacional (sentirse extraño o que no se tenga en consideración su opinión para la toma de decisiones) y, por supuesto, derivados del desempeño del propio rol (desconocimiento de la función exacta, sueldo inadecuado, trato desconsiderado o frustración respecto a la propia promoción).

Un patrón concreto de personalidad

Es frecuente que influyan factores personales en su desarrollo, pues es especialmente habitual en personas que tienen un excesivo altruismo y no muestran quejas a pesar de trabajar en condiciones a veces abusivas, que dedican demasiado tiempo al trabajo y descuidan el ocio, la familia o incluso su propia salud, que tienen una personalidad muy autoexigente y no se permiten errores, pero tampoco se permiten pedir ayuda en situaciones complicadas, y por supuesto cuando existen otros elementos como problemas familiares o personales, si bien estrictamente sólo le puede evaluar el agotamiento emocional en relación con el estrés laboral.

El desarrollo de burnout empieza cuando la persona se siente desencantada hacia el trabajo. Está perfectamente descrita la curva que presenta su estado emocional: inicialmente se afronta el trabajo con ilusión, con entusiasmo y alegría, pues la persona se ha formado bien y con gran dedicación durante años y tiene grandes expectativas hacia su trabajo. Progresivamente y debido a los factores antes descritos comienza a sentir que dichas expectativas no se cumplen; el trabajo ya no es agradable y satisfactorio. Se sienten fatigados y agotados. Desarrollan un sentimiento de frustración ante las expectativas que tenían y además ven que no es posible revertir la situación. Esto lleva a actitudes de cinismo hacia los clientes y hacia los propios compañeros de trabajo. Además, es frecuente que aparezcan patologías orgánicas como hipertensión arterial, trastornos gastrointestinales, y patología psiquiátrica como depresión, consumo de tóxicos y conductas impulsivas en diversos ámbitos de la vida, incluso en el sexo. Se genera una disfunción intelectual que lleva a una incapacidad de concentración y con ello a una ineficacia en el trabajo. Igualmente, cabría mencionar que la idea de suicidio y las conductas suicidas son especialmente prevalentes una vez establecido el síndrome.

Médicos, cuerpos de seguridad y maestros, los más afectados 

Los datos de prevalencia son verdaderamente preocupantes. Aunque este síndrome está considerado una enfermedad laboral desde el pasado año 2018 cuando la Organización Mundial de la Salud lo incluye por primera vez en la Clasificación Internacional de las Enfermedades (CIE-11), disponemos de estudios epidemiológicos previos en colectivos especialmente vulnerables como profesionales de la salud, profesores o policías. En España, hay estudios que elevan hasta un 14,9% de prevalencia en profesionales sanitarios, y especialmente en médicos de Urgencias. Entre los profesores puede oscilar en cifras entre un 9 y hasta un 20% en diferentes grados de afectación. Un dato muy llamativo que todos los estudios nos refieren es que la prevalencia es mucho mayor cuanto más desarrollado está el país. Este hecho puede deberse a una mayor presión asistencial y a mayores demandas por parte de la población, y también a una mayor sensibilización sobre los problemas de salud laboral entre los profesionales.

Nuestro reto es saber no sólo diagnosticar el síndrome, y en ello influye mucho el conocimiento de los síntomas por parte de la persona y la evaluación que debería realizarse desde los servicios de salud laboral, sino implementar medidas de prevención. Entre ellas estarían algunas sencillas como: mantener una dieta adecuada y balanceada, un descanso nocturno correcto y reparador, realizar ejercicio físico diario, reflexionar sobre la atención que debemos prestar a la familia y a los amigos, implicarnos en actividades de ocio que estén alejadas del trabajo, fomentar grupos de autoayuda en el trabajo, exigir un entorno físico adecuado y, por supuesto, un reconocimiento al trabajo, aunque no tenga que ser estrictamente económico. En casos de un manejo inadecuado del estrés o la percepción de síntomas de ansiedad o ánimo triste el tratamiento psicológico y psiquiátrico son imprescindibles.

El equipo de profesionales del Centro Kassem pueden ayudarle si siente que padece estos síntomas, ofreciéndole herramientas de diagnóstico y tratamiento de forma multidisciplinar.