Calor elevado y trabajo diario: el estrés térmico
En este blog hemos comentado anteriormente la declaración reciente, por parte de la Organización Mundial de la Salud, del «burnout» o síndrome del trabajador quemado como enfermedad laboral. Estos días es noticia otro término relacionado con el trabajo: el «estrés térmico». Según un nuevo informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el calentamiento global se saldará con la desaparición de 80 millones de puestos de trabajo a partir de 2030.
Un calor más intenso y que llega antes
En los últimos años, notamos que las temperaturas anormalmente elevadas llegan antes de lo habitual, las olas de calor son más frecuentes, duran más días, y son más intensas. El cambio climático es imparable y ya podemos notarlo físicamente. Si esta nueva situación la unimos a trabajadores que desempeñan su labor en el exterior, como por ejemplo en trabajos de reparación, construcción, monitores de deporte o tiempo libre, etcétera, el riesgo de enfermar o sufrir golpe de calor aumenta.
Pero, ¿a partir de qué temperatura se considera que el organismo está expuesto a un riesgo elevado que dañe su salud? Cuando el termómetro señala, o supera, los 35 grados centígrados. La humedad elevada empeora aún más la situación, acentuando el daño que la persona percibe.
La importancia de la precaución
Los consejos que se brindan a aquellos que deben desarrollar su actividad profesional en el exterior, o en lugares no climatizados durante los meses de calor, son similares a los que se recomiendan a las personas cuando se pronostica una ola de calor:
- Tratar de mantenerse protegido del sol, con ropa clara y cubriendo a poder ser la cabeza
- Aumentar la ingesta de agua fresca y tomarla frecuentemente para evitar la deshidratación
- Evitar, en la medida de lo posible, realizar esfuerzos físicos. Y en caso de tener que hacerlos, limitarlos a la tarea estrictamente necesaria, intentando parar unos minutos y colocarse a la sombra para descansar de vez en cuando.
- Si se puede, adelantar el horario de trabajo para evitar las horas de mayor intensidad de calor, es decir, a partir de las 12 del mediodía.
- Cuidado con el deporte: conviene practicarlo a la sombra o a primerísima hora de la mañana
- Vigilar el termómetro: el agotamiento por calor alcanza su punto álgido a partir de los 39 grados de temperatura corporal. Es conveniente no trabajar con temperaturas superiores a 30 grados.
- En definitiva, observar estrictamente las indicaciones en materia de prevención de riesgos laborales de cada empresa o colectivo profesional.
Implicaciones emocionales
Obviamente, el calor excesivo, dentro o fuera del trabajo, afecta no solo al correcto funcionamiento del organismo, sino también a nuestro estado de ánimo. El calor consigue que nos sintamos fatigados, cansados, y por tanto, desmotivados e incluso con arranques de mal humor. Se trata de una situación desagradable pero totalmente normal, dado que el ser humano emplea una gran cantidad de energía en tratar de equilibrar su temperatura. Además, cocinamos y nos alimentamos peor, y nos cuesta más dormir. La clave está, además de cuidar el cuerpo, en intentar distraernos de la sensación de calor. Aunque parezca muy complicado, conviene no «rumiar» una y otra vez el malestar que estamos sintiendo, es decir: no dramatizar aún más la situación. Puede parecer un consejo banal, pero, dado que el calor excesivo es inevitable, lo más inteligente es tratar de asumirlo y pasarlo de la manera más serena posible.