El Parkinson no tiene cura, pero puede tratarse

Por Nuria Jiménez Perdices

Con motivo del Día Mundial del Parkinson que se celebra el día 11 de abril bajo el lema «Conocerlo es el primer paso para combatirlo» queremos abordar hoy esta enfermedad, que supone la segunda afección neurodegenerativa más frecuente en la población, por detrás de la enfermedad de Alzheimer.

Fuente: Federación Española de Parkinson

Aunque lo más característico y conocido de la enfermedad de Parkinson son los trastornos del movimiento (rigidez, temblor, bloqueos de la marcha…) presenta también una serie de síntomas no motores, menos conocidos, pero no por ello menos importantes ya que de igual forma pueden llegar a ser muy incapacitantes para el paciente: alteraciones cognitivas, psiquiátricas (apatía, depresión), trastornos del sueño, alucinaciones visuales…

En las últimas décadas ha ido en aumento el interés de los especialistas por la sintomatología cognitiva. Si bien es cierto que las alteraciones neuropsicológicas suelen estar presentes incluso en el momento del diagnóstico de la enfermedad, a medida que avanza se van incrementando y haciéndose por tanto más notorias e incapacitantes. Se estima que a medida que evolucione la enfermedad más de un 40% de los pacientes padecerá deterioro cognitivo leve (DCL), y transcurridos 15 años desde el diagnostico, alrededor del 60% presentará un deterioro importante (demencia subcortical).

El deterioro cognitivo sufrido por estos pacientes es fundamentalmente de perfil frontal y tiene las siguientes características:

Disminución de la fluidez verbal (con lentitud en el discurso), escasa entonación, pobreza en la construcción de frases y disartria, perseveración, deficitaria capacidad de toma de decisiones, disminución de la velocidad de procesamiento de la información, alteración de la memoria de trabajo y de la capacidad visuoespacial.

 

¿Existe un tratamiento para el Parkinson?

En la actualidad, no contamos aún con un tratamiento que cure la enfermedad, pero sí disponemos de diversos tratamientos que son muy eficaces en el alivio de los síntomas. Algunos fármacos pautados en la enfermedad de Alzheimer (como la Rivastigmina) han demostrado que pueden mejorar los síntomas cognitivos y conductuales en estos pacientes. Por otro lado, como en muchas otras enfermedades neurológicas o psiquiátricas, está demostrada la eficacia de la estimulación cognitiva junto con el tratamiento farmacológico en el proceso de enlentecimiento de la enfermedad. Ambas terapias (farmacológica y no farmacológica) serán los dos pilares sobre los que se apoyará un óptimo abordaje de estos pacientes, sin olvidar la intervención emocional, así como el fomentar hábitos de vida saludables.

La estimulación cognitiva se define como “el conjunto de técnicas y estrategias que pretenden mejorar el funcionamiento cognitivo (atención, memoria, lenguaje, funciones ejecutivas, praxias, gnosias) mediante actividades específicas” Dicha terapia debe ser individualizada y diseñada para adaptarse a las características del paciente en todo momento.

En definitiva, podemos afirmar que la más exitosa intervención con pacientes de Parkinson será aquella que contemple tanto el tratamiento farmacológico como el no farmacológico, atendiendo a aspectos tan diversos como los trastornos motores, emocionales, cognitivos, alteraciones conductuales… desde equipos multidisciplinares, con un objetivo común: potenciar la autonomía del paciente y mejorar su calidad de vida y por ende la de sus familiares.