Dejar de fumar: ¿cómo ayudan los profesionales de la salud mental?
El 31 de mayo se celebra el «Día Mundial sin tabaco». El tabaquismo, que representa una de las principales causas de mortalidad en todo el mundo, es una adicción que miles de personas tratan de abandonar cada año en nuestro país con menor éxito del que cabría esperar. Antes de iniciarse en el consumo de tabaco, pocos han tomado conciencia plena de los riesgos que entraña probar siquiera un simple pitillo.

Pese a su extendido consumo, el tabaco es una sustancia psicoactiva que además de generar adicción, es causante de enfermedades graves como el cáncer, problemas respiratorios o del sistema cardiovascular, sin olvidar las graves consecuencias que acarrea al feto el consumo de tabaco durante el embarazo o el impacto que tiene el tabaquismo pasivo. Por este motivo, cada vez se hace más hincapié en la importancia de dejar de fumar, y lo que es más: de no iniciarse en el consumo de tabaco.
En los últimos años hemos asistido a la desaparición del tabaco en la publicidad. Lejos queda ya la presencia de invitados a programas de televisión que fuman mientras aparecen en pantalla. Las cajetillas muestran imágenes y textos crudos e impactantes. Incluso la polémica generada por la prohibición de espacios para fumadores en establecimientos de hostelería ha pasado a mejor vida y los ciudadanos ya consideran normal la ausencia de la «nube de humo» mientras disfrutan de una velada entre amigos fuera de casa. Pero, si bien las últimas leyes antitabaco lograron reducir la tasa de fumadores en España a niveles inferiores al 29% de la población, a finales de 2018 se constató un modesto aunque alarmante incremento del número de consumidores. En la actualidad, un 34% de los españoles consume tabaco, según datos del Ministerio de Sanidad.
Parece claro por tanto que la prevención es condición necesaria para evitar que continúe aumentando el número de fumadores. La información sobre los daños que causa el tabaco puede lograr disuadir a potenciales consumidores. Pero, ¿qué ocurre cuando la persona ya ha adquirido el hábito de fumar y desea, pero no consigue, abandonarlo para siempre?
Para dejar de fumar no basta con tener una firme intención. El papel de los profesionales de la salud mental en el tratamiento del tabaquismo es de suma importancia.

En terapia se trabajan aspectos como la elaboración de un autoregistro de consumo (cuánto y cuándo consume tabaco el paciente a lo largo del día), la elaboración de un plan de objetivos para dejar de fumar, la constancia y motivación durante el proceso de deshabituación o la prevención de recaídas, entre otros.
Durante el proceso, que puede ser largo, el paciente aprende técnicas de relajación para su puesta en marcha cuando aparece el deseo de volver a fumar, se acostumbra a cambiar rutinas relacionadas con el hábito de fumar o es guiado para emprender otras actividades saludables. Todas ellas son tareas en cuyo entrenamiento toman parte activa psicólogos y psiquiatras. Ellos acompañan al paciente en su proceso de deshabituación de principio a fin. En los casos más graves, el psiquiatra puede incluso pautar un tratamiento farmacológico que ayude a afrontar el final de la adicción con éxito.
No en vano, los beneficios de dejar de fumar comienzan a los pocos minutos de terminar el último cigarrillo y aumentan exponencialmente a medida que transcurren las horas. Siempre es un buen momento para dejar de fumar. ¿Por qué no hacerlo de manera definitiva y con apoyo profesional? Ponerse en manos de los especialistas es el modo más efectivo de hacerlo. Estarás cuidando tu salud y todos te lo agradecerán.